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¿Le importa a la gente ser evaluada?

Posted by: admin

Por: Miriam Blanco

“Aquel que conoce a otros es inteligente. Aquel que se conoce a sí mismo es sabio”,Lao Tse.

Cuando nos piden en una empresa participar en un proceso de evaluación para conocer nuestras capacidades o nuestra personalidad, muchos de nosotros recordamos los tiempos en el Instituto cuando teníamos que presentar los exámenes que evaluaban nuestros conocimientos; y algunos nos preguntábamos: “¿para qué me evalúan si yo no estoy loco?”

Aparte de las personas que puedan sufrir de trastornos como la “fobia laboral”, el miedo a ser mal visto o a quedar en ridículo, lo cual tiene solución con terapias y con talleres, las reacciones frente a una evaluación con las que nos podemos encontrar siendo responsables de la selección o de la formación y el desarrollo, son diversas, sin embargo, como tendencia general, las personas, muestran una actitud positiva y de aceptación ante el hecho de ser evaluadas. Obviamente, este interés es más notorio cuando se trata de candidatos que desean un puesto de trabajo y son escasas las veces en que una persona se niega a cumplimentar una evaluación, pero ¿realmente le interesa que en una empresa la conozcan como es?

Como seres humanos, compartimos una similar herencia educativa, ya que a lo largo de nuestras vidas no hemos tenido una formación adecuada para manejar de manera positiva y beneficiosa los momentos en que hemos estado sometidos a una evaluación: en el Instituto, en una entrevista de trabajo, o cuando la empresa quiere indagar en nuestro potencial para desarrollarnos. De allí que nuestro rol, como responsables de atraer, mantener y desarrollar a nuestra gente en la empresa, sea fundamental para ganar su confianza cuando implantamos o seguimos un programa de evaluaciones que nos permitan recopilar información acerca de ellos.

El término “evaluar” no es malo en sí mismo, creo que se ha manejado con cierta “ligereza” , ya que tradicionalmente se ha utilizado para “calificar” o “descalificar” , para “aprobar” o “suspender” . Por ello, en estos tiempos en el que se ha convertido en un hecho tan importante contar con las personas adecuadas para lograr el éxito que deseamos, debemos rescatar el real significado de la palabra “evaluar”.

Esto requiere de un trabajo que nos permita cambiar la mentalidad sobre quienes son evaluados, y sobre nuestra propia mentalidad.

La “Evaluación” no debe ser vista como el final de algo sino como parte de un proceso que beneficiará a quien se somete a él. No es sólo un diagnóstico sino que implica seguimiento y trazar un plan de trabajo para mejorar.

Como lideres del cambio en la gestión de personas, nuestro reto es lograr que se perciban los beneficios de participar en una evaluación, no sólo desde el punto de vista de la forma, es decir, que invitemos a las personas a un sitio que sea cómodo, agradable, ayudándolas a disminuir su ansiedad frente a la evaluación, sino de fondo, esto es, intentar que cambien su percepción acerca de la evaluación, viéndola como un proceso en el cual obtendrán información válida y fiable que les ayudará en su crecimiento profesional y personal.

Por eso, nuestra formación y la disposición a mostrar una cara positiva de la evaluación, como el cuidado que tengamos en seleccionar las herramientas que utilicemos en este proceso, son factores clave que nos permitirán alcanzar nuestro objetivo.

En la medida en que logremos modificar esta percepción frente a la evaluación, estaremos contribuyendo a aumentar el interés y el gusto de las personas a ser evaluadas.

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